
Seguimos a un unicornio
10 de la mañana del 6 de enero y horrendo sol amarillea potentemente la sala calentando a la gata que yace patiabierta en una exhibición explícita, o pornográfica, de hedonismo. Una señal de lo que vendría más tarde. Yo salgo con una maleta grande: impermeables, sacos y sombrilla, porque pues… Bogotá.
